No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

SEGUIDORES

martes, 8 de mayo de 2018

pinturas rupestres. santa amalia. badajoz.



Muy cerca de Santa Amalia, en un pequeña elevación conocida como La Morra, se produjo hace unos días un nuevo hallazgo de dos abrigos de pinturas esquemáticas por parte el grupo Recorvo, eso sí, bastante difuminadas por la acción del tiempo y de los elementos meteorológicos adversos. 

La verdad es que el pequeño farallón donde se encuentran los abrigos prometía bastante más, por varias razones. Una de ellas, por ejemplo, es que desde allí se domina un amplio territorio de extensas llanuras, debido a la ausencia de otras elevaciones cercanas. Además, la amplitud de las terrazas y la presencia de pulidas paredes muy semejantes a otros abrigos similares muy conocidos, presagiaba que íbamos a encontrar nítidos y variados esquemas rupestres. La realidad fue otra. Supongo que en su momento habría muchos más y que han desaparecido, pero al menos pudimos constatar que ese lugar, desde donde se divisan en primer término las fértiles vegas del Guadiana y también antiguos asentamientos prerromanos como Magacela, el Risco de San Gregorio o Medellín, estuvo ocupado por hombres del Calcolítico. 

Como os decía, los esquemas no se han conservado bien, apreciándose solo alguna barra, un par de círculos y varias manchas, simples esbozos que no permiten concebir lo que debió ser el conjunto. En esta ocasión, ni siquiera el tratamiento digital de las imágenes, ayuda a clarificar algo. Sin embargo, es posible que en las cercanas elevaciones que desde allí se divisan, todavía queden maravillosos abrigos inéditos repletos de paneles que nos ayudarán a conocer mejor el enigmático Arte Parietal...









(El tratamiento digital de todas las fotografías ha sido realizado por Alejandro G. Pizarro. )

miércoles, 2 de mayo de 2018

altares y pinturas rupestres. don benito. badajoz.



Muchas personas tienen al término municipal de Don Benito como una gran extensión de prósperos e interminables  regadíos donde se cultiva arroz, maíz, tomate y frutales de hueso, y en parte es verdad. Lo que es muy poco conocido es que parte de dicho término está ocupado por preciosos berrocales, abruptas sierrillas y dehesas surcadas por caudalosos ríos, cuyas aguas antaño movían las ruedas de los numerosos molinos harineros que se levantaban en sus riberas. Lógicamente, esta diversidad de paisajes y de recursos ha atraído desde antiguo a diferentes culturas, algunas de las cuales han dejado interesantes restos arqueológicos.

Hace unos días, gracias a David Prado (un inquieto amante y estudioso de la fauna salvaje que habita las zonas más agrestes y mejor conservadas en las cercanías de la ciudad) tuve la oportunidad de recorrer algunos de esos lugares y de conocer algunos de los secretos que guardan. Me refiero a algunos altares rupestres y sobre todo a un pequeño grupo de pinturas esquemáticas inéditas y practicamente desconocidas que se encuentran en el berrocal de la Finca Municipal la Serrezuela.

(Abro paréntesis para indicar en primer lugar que se dice que un abrigo es inédito cuando no ha sido publicado, y en segundo lugar que, según mis noticias, todo parece indicar que este abrigo muy probablemente fue descubierto por Enrique Javier Jiménez Durán, el cual hace aproximadamente un año se las dio a conocer a David Prado, que a su vez informó del hallazgo a un pequeño grupo de personas.) 

Las pinturas rupestres del Abrigo del Lince, llamado así por la suelta de dos animales de esta especie en febrero de 2018 en la finca en que se halla enclavado, tiene la particularidad de que están pintadas sobre granito. A esta circunstancia tan poco habitual hay que unir lo singular del conjunto, pues la fuerte erosión que ha sufrido el bolo granítico que sirve de soporte, ha provocado la formación de oquedades, llamadas taffonis por los geólogos, en cuyo interior se encuentran los antropomorfos esquematizados que aparecen en las siguientes imágenes. En este punto hay que indicar que este no es un caso único pues, por ejemplo, en los Barruecos hay también documentados esquemas rupestres en taffonis (blog Estudios de Geoarqueología de Extremadura).




Los esquemas de dicho abrigo que han llegado a nuestros días representan a dos antropomorfos de mediano tamaño. El tratamiento digital a que han sido sometidas las imágenes indican sin embargo que hubo algunos más, tal vez muchos más. El significado que sus autores le quisieron dar y el objetivo con que fueron realizados nunca lo sabremos. Sin embargo, es tentador pensar, dada la existencia de un esquema en cada hueco u hornacina, que estamos ante un altar rupestre ante el cual tal vez se celebraban distintos tipos de ceremonias religiosas.





Otra de las curiosidades que podemos encontrar en la bonita finca es la existencia de dos ruedas de molinos abandonadas, muy probablemente, junto a la cantera de donde fueron extraídas. La no presencia de cursos de agua en sus inmediaciones, y señales inequívocas de una cantera abandonada, hacen imposible pensar que pertenecieran a un viejo molino derruido. Es una pena que nunca llegaran a cumplir su función después del arduo trabajo de extraer la pieza, a la par que es también un enigma el motivo que ocasionó su abandono.

Rueda de molino inconclusa, abandonada a escasos metros de la cantera
donde se extrajo la pieza. 

Por último, es conveniente señalar que a una distancia aproximada en línea recta de 3 kilómetros, se encuentra un más que probable altar rupestre. Y bajo él, una tumba excavada con similares características a las que presentan los sepulcros que conforman las necrópolis de época tardorromanas que con cierta frecuencia se pueden encontrar en los berrocales extremeños y cuyo ejemplo más característico se sitúa en Arroyo de la Luz. 

Respecto al altar, indicar que, tal y como se puede ver en la imagen, presenta dos líneas rectas de pequeñas cazoletas, convergentes en la parte superior de la formación, que pudieron tener función de escalones. Su escaso diámetro hace pensar, no obstante, que tuvieron otra función, desconocida hasta el momento. Hasta la fecha, no existen estudios sobre este conjunto altar-tumba. Al menos yo no los conozco... 

Tumba y altar rupestre. Finca Municipal Doña Blanca. Don Benito. 

 (El tratamiento digital de todas las fotografías ha sido realizado por Alejandro G. Pizarro. )

(David Prado es miembro activo de la Sociedad Extremeña de Zoología, una organización no gubernamental cuya finalidad es conservar la riqueza y biodiversidad del territorio extremeño por medio de la investigación, la elaboración de proyectos y acciones de conservación, y la concienciación ambiental de los distintos sectores de población.)


martes, 10 de abril de 2018

pinturas esquemáticas. serradilla. cáceres.

        

Buscando información sobre las pinturas esquemáticas de la Sierra de Santa Catalina (Serradilla, Cáceres) encontré un artículo (Últimas intervenciones en la cueva del castillo de Monfragüe: actuaciones de adecuación para la visita y revisión de sus manifestaciones rupestres. H. Collado Giraldo y J.J. García Arranz) que me reveló ciertas cosas, verdaderamente interesantes, hasta la fecha desconocidas para mí. Me refiero a un tipo de clasificación de los abrigos rupestres en relación a sus características morfológicas y a su ubicación en el paisaje y más concretamente, a la definición de abrigos de intimidad, entendidos como abrigos de dimensiones muy reducidas y difíciles de localizar, pero adecuados para realizar prácticas vinculadas a la magia, a la religión o a un supuesto mundo sobrenatural.

Esto viene al caso porque los esquemas más llamativos localizados hasta la fecha en las cercanías de Serradilla se encuentran, precisamente, dentro de una oquedad que cumple esta y otras premisas, pudiéndose clasificarse por lo tanto como abrigo de intimidad. Estoy hablando de la representación de un gran antropomorfo unido por las manos con otros dos antropomorfos más pequeños, representación nada habitual dentro del arte esquemático. La rareza de este esquema, otra de las características de este tipo de abrigos, unido al difícil acceso para entrar en la covacha, hace pensar que estamos ante uno de los abrigos de intimidad descritos por los autores citados, los cuales tendrían un uso relacionado con el mundo espiritual. Serían, como digo, lugares donde refugiarse a practicar algún tipo de ritual vinculado a las creencias de los hombres que realizaron esos curiosos esquemas.

En este punto, tengo que decir que la impresión que tuve cuando entré en cuclillas en el reducido espacio y estuve por primera vez ante esos tres antropomorfos, fue la de estar ante una representación de la tierra madre, equivalente a la pachamama de los incaicos, una madre protectora grande y poderosa, que lleva a sus hijos desvalidos de la mano y los protege ante los numerosos peligros del exterior. Quién sabe, de ser cierta esta arriesgada hipótesis, si esta madre tierra luego se sincretizó en Ataecina, más tarde en la Proserpina romana y posteriormente en alguna santa, ¿Santa Eulalia?, de la religión judeocristiana.

                       


Sin embargo, este no es el único abrigo que esconde la Sierra de Santa Catalina puesto que en su solana podemos encontrar tanto abrigos de tránsito (utilizados temporalmente) como de indicación (relacionados con el control de los recursos), los otros dos tipos de abrigos incluidos en la clasificación.

En cuanto a la época en que fueron realizadas, solo me atrevería a señalar que, en general y de acuerdo con el artículo de referencia, las de trazo más grueso y tonos anaranjados diluidos pertenecerían a una fase neolítica-calcolítica mientras que las trazo fino y tono rojo más oscuro corresponderían a la Edad de Bronce.
















   (El tratamiento digital de las fotografías ha sido realizado por Alejandro G. Pizarro. )

(José Gómez Sánchez, el hombre que sabe hacer fuego, fue quien nos condujo por la sierra y nos mostró este excepcional conjunto de estaciones rupestres.)

jueves, 5 de abril de 2018

músicos de la calle

Lisboa.
Oporto.

Una de las cosas que más me gusta cuando viajo es escuchar a los músicos de la calle. Por unas cuantas monedas, impasibles ante los ruidos y ante la gente que pasa absorta en sus pensamientos, nos dejan en el aire su manera de entender la música y de alguna forma, nos ayudan a ser más felices. Por esos ratitos, por su contribución a un mundo mejor, hoy quiero dejar aquí un pequeño tributo a los anónimos músicos de la calle.

Granada.

Granada.

Granada.

Oporto.

Oporto.

Praga.

miércoles, 14 de marzo de 2018

el hombre que sabe hacer fuego.


Tengo la suerte de haber subido recientemente a la sierra con un singular serradillano, José María Gómez Sánchez, y de comprobar in situ las habilidades que ha ido adquiriendo en cuanto al modo de vida de las culturas antiguas y su integración en el medio natural.

Lo más curioso es que José María es autodidacta y que muchos de sus conocimientos proceden de la observación y la experimentación. Subir con él a la sierra es, por tanto, descubrir secretos de las plantas y las piedras que solo él conoce. Aun así, la tradición oral, los libros e internet tienen un peso importante en su mochila porque estamos sobre todo, ante un hombre curioso, ávido de conocer y de recrear experiencias.

Las habilidades de José María son muchas. Una de ellas es la de imitar el proceso de fabricación de armas y utensilios cotidianos de las culturas prehistóricas con materiales de reciclaje u obtenidos de la propia sierra. Así, a partir de elementos de los más diversos -tendones de ciervos, resina natural, huesos, ramas, botellas de cristal o diferentes tipos de piedras- y gracias a la habilidad con que los maneja, consigue instrumentos que bien podrían aparecer en cualquier museo antropológico o de la Prehistoria (hachas, bramaderas, flechas, raspadores o arcos).

Elaboración de una flecha con tendón de ciervo,
resina y punta tallada de cristal.

Fruto de esta curiosidad y del ensayo ya comentado, este sorprendente e interesante personaje es capaz también de obtener pigmentos similares a los que utilizaban en la Prehistoria para pintar las paredes de roca y para dejar impresas en ellas su ideas y sus anhelos. Igualmente José María tiene la habilidad de guiar a los más curiosos hasta esos recónditos abrigos y de mostrar e interpretar las preciosas y enigmáticas pinturas que adornan sus paredes desde hace miles de años.

Obtención de pigmentos naturales 

Vivir en un entorno tan agreste como Monfragüe supuso para el hombre un duro proceso de supervivencia y de adaptación al medio en el que tuvo que emplearse a fondo. El conocimiento de las utilidades de la flora y el comportamiento de la fauna, el aprovechamiento de los recursos o el paso de las estaciones y sus consecuencias fueron fundamentales a la hora de este proceso de adaptación. El uso del fuego -saber hacerlo, mantenerlo y transportarlo- fue seguramente un paso definitivo para que la especie pudiera perpetuarse.

Sorprendentemente, José María es capaz de hacer fuego utilizando las mismas técnicas que las que  usaban nuestros antepasados, únicamente mediante el golpeo de una piedra rica en hierro sobre un trozo de sílex o gracias a la enérgica frotación de una rama sobre madera. En el primer caso se trata de conseguir que las chispas que se producen hagan arder un material inflamable (yesca). En el caso de la fricción sobre madera hay que lograr que el calor generado inflame la yesca. El resultado es, de cualquier forma, espectacular...

El fuego es para Aristóteles uno de los cuatro elementos
principales de la Naturaleza.
Fotografía cedida por José María Gómez.
Con su fiel acompañante, Marley. 
Soliforme. Sierra de Santa Catalina. Serradilla. Cáceres. 

                                               Más sobre José María Gómez Sánchez:

El lince con botas. Talla, flecha, huesos, fuego.
En Facebook: Culturas primitivas
Durante una de sus demostraciones en el Centro de
Interpretación de Serradilla.
Fotografía cedida por José María Gómez Sánchez.