Hace unas semanas pudimos visitar el Museo de Cuenca, situado
en el interior de un interesante edificio del siglo XIV conocido como Casa del
Curato, y contemplar en sala de la Prehistoria, dos bloques de piedra desprendidos
de manera natural de un abrigo - recuperados tras una excavación arqueológica- que
contenían diversos motivos zoomorfos. Dichos motivos pertenecen al denominado Arte
Rupestre Levantino y fueron realizados durante el Epipaleolítico y Neolítico,
es decir, hace entre 10000 y 6500 años.
Esa visita llevó a preguntarme por qué, salvo escasas
excepciones, en Extremadura solo podemos encontrar pinturas rupestres
esquemáticas y apenas hay ejemplos de escenas descriptivas, como ocurre en el
arco mediterráneo peninsular. Es decir, por alguna razón o conjunto de razones,
en el territorio que conocemos hoy día como Extremadura, no se desarrollaron esas
manifestaciones pictóricas a través de las cuales se identifican sin dificultad
los motivos que caracterizan al llamado Arte Rupestre Levantino.
En cambio, más tardíamente, -los expertos consideran que, en
líneas generales, el Arte Rupestre Esquemático se desarrolló al final del
Neolítico, durante todo el Calcolítico y al principio de la Edad de los Metales-
tuvo lugar un movimiento cultural que usaba signos comunes (antropomorfos y
zoomorfos como esquemas más evidentes y otros desconocidos actualmente para
nosotros) como un rudimentario sistema de comunicación. Es decir, el
naturalismo de las figuras dio paso a la esquematización. Tal vez, los
ejecutores de esas pinturas no tenían necesidad de esmerarse ya que esos
símbolos eran habituales en amplias zonas del territorio peninsular y de la
cuenca mediterránea, y por lo tanto, perfectamente entendibles para miembros de
distintas comunidades.
Finalmente, los pueblos más avanzados, como griegos y fenicios,
desarrollarían estos esquemas, esta protoescritura, hasta convertirla en
escritura. Esta es la razón por la que encontramos esquemas rupestres formando
parte de la Escritura del Suroeste. Observando alfabetos fenicios reconocemos
letras que recuerdan enseguida a triangulares y bitriangulares, ídolos en phi,
letras pi, antropomorfos ancoriformes, etc.
Sin embargo, retomando el hilo, resulta extraño que apenas
haya ejemplos de Arte Levantino, tendencia más descriptiva, cuando es evidente
que la actual Extremadura fue ocupada por grupos humanos que construyeron dólmenes
(por ejemplo, en Magacela, Valdecaballeros, Cabeza del Buey y Valle de la
Serena) en el mismo espacio geográfico donde posteriormente, los autores de las
pinturas esquemáticas dejarían su impronta utilizando como soporte las paredes
de las sierras cuarcíticas.
Recordemos que el Arte Rupestre Levantino se caracteriza por
el empleo de estilizadas figuras humanas de gran dinamismo, habitualmente pintadas
de perfil, formando parte de escenas bélicas, de caza, de recolección o de
danzas rituales. Además, estas figuras humanas -realizadas en abrigos rocosos
abiertos en lugar de en cuevas como en el Paleolítico- son perfectamente
identificables como hombres y mujeres, gracias a sus ropajes y otros atributos.
Igualmente, es posible identificar a distintos tipos de animales.
Por contra, como bien sabéis, las pinturas rupestres que
encontramos habitualmente en las sierras extremeñas presentan esquemas muy
diferentes a los descritos, a simple vista toscos, de trazo irregular, en
ocasiones superpuestos, sin movimiento, sin aparente significado o sentido,
distribuidos sin lógica para las mujeres y los hombres actuales.
No obstante, desde mi punto de vista, esta aparente
simplicidad, este inexplicable desorden, no es un demérito para sus autores ni
expresa un nivel intelectual menor, sino que esconde quizás un salto cognitivo,
una evolución que finalmente desembocaría junto con los aportes de los pueblos
del Mediterráneo oriental, en una escritura conocida como Escritura del
Suroeste, distribuida durante la Edad del Hierro en el sur de Portugal, Andalucía
Occidental y Extremadura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario