No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

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martes, 8 de diciembre de 2009

mérida. badajoz

Existe una Mérida provinciana, decadente si se quiere, entrañable y con sabor a pueblo, una Mérida de nobles y antiguas piedras que atrae cada año a miles de visitantes pero que impide a su vez el crecimiento de la ciudad. Y existe una Mérida moderna representada por el puente que Santiago Calatrava diseñó cuando se decidió cerrar al tráfico rodado el puente que los romanos construyeran dos mil años antes para salvar el río Anas.


La cercanía entre ambos puentes y el atrevido diseño que el arquitecto quiso darle al puente de Lusitania es para unos una osadía, mientras que para otros supone un verdadero deleite para la vista. De cualquier forma, el puente se ha convertido en un destacado elemento del paisaje emeritense, como la Alcazaba, el templo de Diana o el arco de Trajano, solo que en este caso la piedra se ha sustituido por hormigón y acero.


La obra de Calatrava, al igual que el Museo Nacional de Arte Romano, (obra de otro controvertido arquitecto, Moneo) son los máximos exponentes de la visión de futuro que toda ciudad debe tener, más aun tratandose de la capital de Extremadura y de una ciudad que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad y Conjunto Histórico-Arqueológico.


Hay en esta ciudad, para todos los amantes del Arte y de la Historia, numerosos monumentos de obligada visita. A través de ellos se podrá viajar desde los tiempos en que Mérida fuera una de los centros más importantes de Occidente, pasando por la llegada de los pueblos del Norte y posteriormente de África, hasta nuestros días. Pero eso ya se tratará en otra ocasión...


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