No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

SEGUIDORES

miércoles, 26 de agosto de 2026

naturalismo, esquematismo, escritura.



Hace unas semanas pudimos visitar el Museo de Cuenca, situado en el interior de un interesante edificio del siglo XIV conocido como Casa del Curato, y contemplar en sala de la Prehistoria, dos bloques de piedra desprendidos de manera natural de un abrigo - recuperados tras una excavación arqueológica- que contenían diversos motivos zoomorfos. Dichos motivos pertenecen al denominado Arte Rupestre Levantino y fueron realizados durante el Epipaleolítico y Neolítico, es decir, hace entre 10000 y 6500 años.

Esa visita llevó a preguntarme por qué, salvo escasas excepciones, en Extremadura solo podemos encontrar pinturas rupestres esquemáticas y apenas hay ejemplos de escenas descriptivas, como ocurre en el arco mediterráneo peninsular. Es decir, por alguna razón o conjunto de razones, en el territorio que conocemos hoy día como Extremadura, no se desarrollaron esas manifestaciones pictóricas a través de las cuales se identifican sin dificultad los motivos que caracterizan al llamado Arte Rupestre Levantino.

En cambio, más tardíamente, -los expertos consideran que, en líneas generales, el Arte Rupestre Esquemático se desarrolló al final del Neolítico, durante todo el Calcolítico y al principio de la Edad de los Metales- tuvo lugar un movimiento cultural que usaba signos comunes (antropomorfos y zoomorfos como esquemas más evidentes y otros desconocidos actualmente para nosotros) como un rudimentario sistema de comunicación. Es decir, el naturalismo de las figuras dio paso a la esquematización. Tal vez, los ejecutores de esas pinturas no tenían necesidad de esmerarse ya que esos símbolos eran habituales en amplias zonas del territorio peninsular y de la cuenca mediterránea, y por lo tanto, perfectamente entendibles para miembros de distintas comunidades. 

Finalmente, los pueblos más avanzados, como griegos y fenicios, desarrollarían estos esquemas, esta protoescritura, hasta convertirla en escritura. Esta es la razón por la que encontramos esquemas rupestres formando parte de la Escritura del Suroeste. Observando alfabetos fenicios reconocemos letras que recuerdan enseguida a triangulares y bitriangulares, ídolos en phi, letras pi, antropomorfos ancoriformes, etc.

Sin embargo, retomando el hilo, resulta extraño que apenas haya ejemplos de Arte Levantino, tendencia más descriptiva, cuando es evidente que la actual Extremadura fue ocupada por grupos humanos que construyeron dólmenes (por ejemplo, en Magacela, Valdecaballeros, Cabeza del Buey y Valle de la Serena) en el mismo espacio geográfico donde posteriormente, los autores de las pinturas esquemáticas dejarían su impronta utilizando como soporte las paredes de las sierras cuarcíticas. 

Recordemos que el Arte Rupestre Levantino se caracteriza por el empleo de estilizadas figuras humanas de gran dinamismo, habitualmente pintadas de perfil, formando parte de escenas bélicas, de caza, de recolección o de danzas rituales. Además, estas figuras humanas -realizadas en abrigos rocosos abiertos en lugar de en cuevas como en el Paleolítico- son perfectamente identificables como hombres y mujeres, gracias a sus ropajes y otros atributos. Igualmente, es posible identificar a distintos tipos de animales.

Por contra, como bien sabéis, las pinturas rupestres que encontramos habitualmente en las sierras extremeñas presentan esquemas muy diferentes a los descritos, a simple vista toscos, de trazo irregular, en ocasiones superpuestos, sin movimiento, sin aparente significado o sentido, distribuidos sin lógica para las mujeres y los hombres actuales.

No obstante, desde mi punto de vista, esta aparente simplicidad, este inexplicable desorden, no es un demérito para sus autores ni expresa un nivel intelectual menor, sino que esconde quizás un salto cognitivo, una evolución que finalmente desembocaría junto con los aportes de los pueblos del Mediterráneo oriental, en una escritura conocida como Escritura del Suroeste, distribuida durante la Edad del Hierro en el sur de Portugal, Andalucía Occidental y Extremadura.

miércoles, 29 de abril de 2026

trujillo, otra vez.




En Trujillo siempre hay un nuevo callejón que recorrer, que a veces te conduce extramuros para poder contemplar como se oculta el sol entre negras y rojizas nubes que descargan sobre el berrocal. Y abandonas casi sin querer la población y recorres una calleja entre muretes a cuyos pies crecen las amapolas, ofreciéndote imágenes del recinto amurallado que los turistas nunca podrán llegar a ver. 


Finalmente te pierdes por el dédalo de calles, entre los altos muros de conventos y casas fuertes, y regresas al Trujillo "conocido", sorprendido de nuevo de tener a solo cuarenta minutos de casa, semejante espectáculo de torreones, murallas y espadañas. 

Más tarde, en la Plaza Mayor, una buena cerveza helada, claro. 



sábado, 28 de marzo de 2026

pajaros de barro y casitas blancas



Igual que Manolo García hace pájaros de barro y los echa a volar, yo pinto al oleo casitas blancas en el campo y torres vigías nazaríes. No es lo mismo, pero me lo paso muy bien y me relajo. Y de esta manera vuelo sobre esos campos silenciosos y fértiles. 





sábado, 7 de febrero de 2026

sierra y campiña de cádiz

Grazalema. 

Zahara de la Sierra.

Arcos de la Frontera.

Olvera. 

Villaluenga del Rosario.

Espera. 

Villamartín. 

Setenil de las Bodegas.


La Sierra de Cádiz, toda la provincia en realidad, (donde nacieron mis padres, y a la que siempre llevo dentro y más en estos días de interminables y copiosas borrascas), es un lugar que hay que conocer sí o sí, lleno de contrastes y belleza, con singularidades casi imposibles de enumerar.

Pero empecemos por mencionar sus torres vigías nazaríes, celosas guardianas de la Frontera y de los pueblos blancos, arquitectura moruna colgada de forma inverosímil de las faldas de la sierra y deslumbrantes fachadas de cal. Y a su alrededor, bellísimos parajes, a veces consistentes en duros farallones de piedra blanqueada por el sol y en otras ocasiones, en recónditos bosques de alcornoques y pinsapos, a los que solo es posible llegar por medio de carreteras sinuosas, que se entrecruzan con profundas gargantas, calzadas romanas y caminos de herradura. En las alturas, ganado caprino entre roquedos, mientras que en los valles se alternan cereales, vides y olivos, causantes de la gastronomía propia y viva que nos pone en la mesa, rico pan, mejor aceite y quesos inmejorables, contundentes potajes de garbanzos y exquisitos guisos de espárragos y tagarninas, así como dulces, heredados de siglos de presencia islámica.


Pero sin duda, lo mejor, su gente, gente sencilla, trabajadora y amable, hasta cierto punto, claro. La estancia de los franceses durante la Guerra de la Independencia no gustó mucho entre los habitantes de pueblos y cortijos de la sierra y así se lo hicieron saber, siendo aquello el principio del fin de aquella ignominiosa invasión. 

Allí, donde más llueve de la península, nace el Guadalete, que luego discurre, entre infinitos campos de trigo y girasol, por las fértiles vegas que él mismo creó pacientemente durante miles y miles de años hasta desaguar en el Océano Atlántico, en el litoral donde los fenicios instalaron sus colonias, fundiéndose con los pobladores de interior hasta dar lugar a un reino de leyenda.




Dolmen de Alberite. Villamartín. 

Calzada romana. Benaocaz. 

Ciudad romana de Ocuri. Ubrique.

Prado del Rey y la Sierra desde el Castillo de Matrera. 

Torre Pajarete. Castillo de Matrera. 

Salto del Cabrero. Benaocaz. 

Embalse de Zahara-El Gastor. 

Campiña y Sierra de Cádiz. 

jueves, 22 de enero de 2026

abrigo valentina. hornachos. badajoz.


Ya se iba ocultando el sol, -coloreando de naranja el cielo, las paredes y los tejados de las casas-, y empezábamos a sentir la bajada de temperaturas propia de los ocasos del mes de enero. Pero todavía nos quedaba la guinda final a un bonito día, en compañía de grandes especialistas y aficionados al Arte Rupestre en particular y a la Historia en general, de modo que, tras superar una pronunciada pendiente y  guiados por mano experta, nos encaramamos en un pequeño abrigo. 

Situado casi a tiro de piedra del casco urbano de Hornachos, el lugar resultó perfecto para admirar la inmensa llanura de Tierra de Barros y las azules y lejanas sierras, las antiguas huertas moriscas, la iglesia mudéjar y el caserío blanco que se extendía bajo nosotros, pero también para emocionarnos de nuevo ante los símbolos que nos dejaron hace unos cuantos miles de años los pobladores de aquella sierra. 

Después, ya casi de noche, llegó el momento de la despedida, y volvimos a casa, guardando cada uno para sí, esos instantes que se quedan por largo tiempo.