No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

SEGUIDORES

domingo, 28 de abril de 2024

aldeas amuralladas de portugal

Tengo la suerte de haber estado en algunas de las muchas aldeas amuralladas dispersas por el país vecino, sobre todo las situadas en el Alentejo. A veces hemos llegado a ellas con premeditación y sin alevosía. Otras, gracias a la más pura casualidad, que es cuando más se disfruta. Te desvías de la ruta establecida y tras cruzar una puerta custodiada por dos torreones cilíndricos, te sumerges en otro siglo. Ya sabéis que los portugueses son muy cuidadosos con su patrimonio. A esto se le une que allí hay amplias zonas donde nunca llegó el desarrollismo de los sesenta-setenta que tanto destrozo causó en España (uralita, azulejos al exterior, mamotretos en las plaza de los pueblos, etcétera), o al menos no llegó con tanta fuerza. El resultado es que, tras traspasar sus murallas -algunas medievales, otras abaluartadas-, sueles encontrar un casco urbano silencioso y bien cuidado con inmaculadas fachadas ocres o azules. Además, con un poco de suerte, puedes dar con una casa de comidas familiar donde sentarte ante un mantel de cuadros y una Sagres, y pausadamente, disfrutar primero de un buen bacalao con coles y patatas, y después dar buena cuenta de los ricos y variados postres caseros (otra cosa en la que nos ganan por goleada) que suelen ofrecer. 

Rebuscando en mis archivos y en mi memoria he encontrado las que siguen a continuación, si bien Óbidos, Marvão o Castelo de Vide pudieran considerarse tal vez, (por su importancia histórica, superficie y número de habitantes) algo más que aldeas. 

Supongo que habrá decenas de aldeas amuralladas a lo largo de todo el territorio luso. Tenemos trabajo por delante, por tanto...


Castelo Mendo

Almeida.

Redondo.

Marvão.

Castelo de Vide.

Idanha-a- Vella

Monsaraz.

Ouguela. 
Évora Monte.

Óbidos.

jueves, 18 de abril de 2024

remontando el almonte, el último rio salvaje.






Nunca había visto nada igual. Bueno, miento. Hace unos años también pudimos presenciar la misma escena pero mi vieja cámara, muy lenta a la hora de enfocar y disparar, y mi poca pericia, me impidieron captar el increíble espectáculo de los barbos remontando el río Almonte. No es que el pasado sábado consiguiera grandes fotos, pero al menos estas dan una idea del esfuerzo titánico que estos peces tienen que hacer para salvar varios metros de desnivel, vencer a las poderosas aguas bravas y remontar el curso del río -salvaje y libre de presas todavía que lo encorseten- con el objetivo de realizar el desove o freza. 

Realmente desconozco que especies de peces (algunos sobrepasaban el medio metro de longitud) pudimos contemplar -he leído en internet que son barbos- y tampoco sé si esto ocurre en otros ríos extremeños, pero si puedo asegurar que merece la pena recorrer en estas fechas las márgenes del Almonte hasta un incomparable, espectacular y bellísimo tramo con varios saltos, para presenciar esa lucha -guiada por la genética- destinada a cumplir con la reproducción, mandato inapelable impreso en el ADN de estos seres vivos. 






lunes, 15 de abril de 2024

el cielo de extremadura.

Ya tengo en mis manos un nuevo ejemplar de Extremadura en la Red, una magnifica publicación que desde hace años, gracias a la Fundación Xavier de Salas y a otras entidades, recoge numerosos artículos y fotografías con el nexo común del territorio extremeño, tan extenso y diverso, y sus múltiples atractivos. En esta ocasión la temática son las Noches Mágicas de Extremadura.

Como otras veces he tenido la suerte de participar, en este nuevo volumen en el que también participan algunos buenos amigos, con el siguiente articulo:




¿Veis esta fotografía? Se trata de un grupo de estudiantes contemplando “El cielo de Salamanca”, un fresco pintado por el salmantino Fernando Gallego entre 1480 y 1493 para decorar el techo de la primera biblioteca de la Universidad de Salamanca. Sin embargo, en la actualidad se encuentra en una de las dependencias del hermoso Patio de las Escuelas Menores de la Universidad ya que fue trasladado desde su sitio original en la década de los cincuenta del siglo XX.

Lógicamente, esta maravillosa obra no solo tenía carácter decorativo, sino que también fue concebida como instrumento para la enseñanza de la Astrología, ya que en esa universidad esta disciplina contaba incluso con una cátedra desde 1460. Opinan los expertos que el autor de este fresco utilizó los conocimientos y los consejos que los docentes le proporcionaron para plasmar las constelaciones, signos del Zodiaco y otros elementos de la esfera celeste.

Pero, ¿qué relación existe entre esta obra salmantina sin igual y el cielo extremeño? Pues que precisamente en el territorio que hoy conocemos como Extremadura hubo un cielo de similares características al referido anteriormente. Al menos eso es lo que nos dejó escrito el villanovense Alonso Torres y Tapia, cronista de la Orden de Alcántara, allá por el año 1763, cuando da cuenta de que, en el Partido de la Serena, entre finales del siglo XV y principios del XVI, se asentó un noble plasentino que hizo levantar sendos palacios y que atrajo consigo varios de los personajes más renombrados de la época en el terreno cultural. Estamos hablando del mecenas don Juan de Zúñiga y, entre otros, del gramático Antonio de Nebrija y del astrólogo Abraham Zacut:

"El judío Astrólogo Abasurto (Abrahm Zacut) le leyó la Esfera y todo lo que era lícito saber en su arte; y era tan aficionado que en un aposento de los más altos de la casa hizo que le pintasen el cielo con todos sus planetas, astros y signos del Zodiaco. Ya hoy está esto muy deslustrado con la antigüedad. En estos estudios y exercicios, y en el gobierno de aquella provincia pasaba su vida el Maestre.” 

Es decir, existió -tal vez en el castillo de Arribalavilla de Zalamea de la Serena, quizás en el palacio de Villanueva- un techo pintado con los elementos del cielo mediante el cual, Juan de Zúñiga y sus maestros se iniciarían en los rudimentos de la Astrología.

Convento concepcionista de Villanueva de la Serena (Badajoz), 
en cuyo solar estuvo uno de los palacios que se
“hizo labrar en la parte de poniente” el noble plasentino
Juan de Zúñiga.

Interior del Castillo de Arribalavilla, (Zalamea de la Serena,
 Badajoz.), donde es muy probable según distintos
estudiosos, que Antonio de Nebrija compusiera la
primera gramática en castellano.


Se da la circunstancia de que, según indican los expertos y estudiosos de la referida obra, el afamado astrólogo judío Zacut, -y en este punto es donde me baso para señalar que ambos cielos, el de Salamanca y el del palacio de Zúñiga en La Serena, tendrían bastantes similitudes- sería uno de los docentes que indicó al pintor Fernando Gallego los elementos celestes que debían aparecer en el techo de la biblioteca universitaria salmantina. Estos mismos elementos estarían también presentes en “uno de los aposentos de los más altos” de uno de los palacios de La Serena, ya que como dejó escrito Torres y Tapia, este astrólogo, además de ocupar un lugar importante durante un tiempo en la Universidad de Salamanca, estuvo también muy cerca de Juan de Zúñiga. Tan estrecha fue esa relación que Zacut dedicó a su mecenas, que previamente le había hecho el encargo, una de sus obras, compuesta durante una estancia en Gata cuando corría el año de 1486:

“Ouo por bien mandar a mi, Rabi abrahan zacut de Salamanca, astrologo, su criado, que conpusiese un tratado breve en las ynfluencias del cielo para que con este mas se ayudasen los médicos de su señoria sy fueren astrólogos.”

Gata, Cáceres, localidad en la cual se hallaba
Abraham Zacut cuando escribió, por encargo de su mecenas,
 “Tratado de las influencias del cielo", obra dedicada
“al muy magnifico y de grand linaje yllustre,
                     mi señor el maestre de alcantara don juan de çuñiga.”


Además, según podemos ver en la capital salmantina e intuir, gracias al cronista Torres y Tapia, que ambos constaban de los mismos motivos, los cuales serían transmitidos por Zacut a sus alumnos, primero en Salamanca, luego en el Partido de la Serena y posteriormente en Portugal, donde el astrólogo tuvo que refugiarse tras la expulsión de los judíos en 1492. Así, los doce signos del Zodiaco, las constelaciones, los planetas e incluso los vientos, adornarían los altos de las nobles estancias bajo cuyos techos se ilustrarían discípulos y maestros tal vez en amables discusiones.  

"Y era tan aficionado que en un aposento de los más altos de la casa
hizo que le pintasen el cielo con
todos sus planetas, astros y signos del Zodiaco"

Por desgracia, del cielo extremeño no queda nada. Ya estaba “muy deslustrado” cuando Torres y Tapia lo describió a mediados del siglo XVIII. “El cielo de Salamanca” tuvo mejor suerte, aunque solo nos ha llegado un tercio de la obra concebida por los sabios salmantinos. Ambos hechos son, sin embargo, suficientes para relacionar ambos cielos y sobre todo, para poner de manifiesto que en un rinconcito de la actual comarca de La Serena se desarrolló un movimiento cultural todavía muy desconocido para el gran público y propio del Renacimiento más floreciente y esplendoroso.

Antonio de Nebrija, en uno de los medallones de la Plaza
Mayor de Salamanca. El gramático coincidió con el astrólogo
Abraham Zacut en la universidad salmantina, y posteriormente,
formando parte ambos del grupo de sabios que
el noble Juan de Zúñiga quiso tener consigo.

 Los Reyes Católicos. Fachada de la Universidad de Salamanca.
Es muy probable que Abraham Zacut fuera uno
de los sabios que aconsejó en Salamanca a la reina Isabel
sobre la conveniencia de sufragar el viaje de Cristóbal Colón a las Indias.
Después Zacut marcharía a tierras extremeñas donde se
puso bajo el mecenazgo de Juan de Zúñiga.
En 1492 se vería obligado a trasladarse a Portugal
tras la expulsión de los judíos decretada por estos mismos reyes.



BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA:

La medicina en un manuscrito de Astrología del siglo XV. José M Cobos Bueno. Universidad de Extremadura.

La corte literaria de Juan de Zúñiga y Pimentel (Plasencia, 1459-Guadalupe, 1504) Fernando Villaseñor Sebastián. Universidad de Cantabria.

Astronomía en la Universidad de Salamanca a finales del s. XV. Lo que nos cuenta El Cielo de Salamanca. Carlos Tejero Prieto. Universidad de Salamanca.

Zacuto, Abraham. Daniela María López-Torrijos Moya. Universidad San Pablo-CEU.

https://sac.usal.es/patrimonio/exposiciones/el-cielo-de-salamanca/

martes, 2 de abril de 2024

río ortiga.



Quizás no sea el río más conocido ni el más caudaloso, pero desde que nace en las sierras del sur de Zalamea, hasta que desemboca en el Guadiana, -al pie del castillo de Medellín-, el río Ortiga nos ofrece parajes de belleza serena, haciendo honor a la comarca que cruza. Son algo más de 50 kilómetros de curso de aguas remansadas por los azudes de los muchos molinos, ya abandonados, que jalonan su cauce.

Para empezar, todavía en territorio ilipense, una -desconocida para muchos- presa antigua del siglo XVIII, con molinos adosados, sencillamente espectacular, que permite regar los campos de Docenario, pueblo nuevo de colonización. Pero esta presa es solo el principio de una larga lección de Historia para los más curiosos, porque la cuenca del Ortiga ha visto levantar dólmenes y asentarse a tartesios venidos del sur. Y más tarde, el paso de legiones romanas, la llegada de huestes almohades, mesteños trashumantes conduciendo sus enormes rebaños y comitivas de monjes guerreros. Lógicamente, todos fueron dejando su huella y su impronta.

Río abajo, después de cruzar llanuras graníticas, dehesas, olivares y pastos, en ocasiones el Ortiga se vuelve salvaje. Así, en sus aguas nadan las nutrias, entre la vegetación de ribera anidan numerosas especies de aves, y los galápagos toman el sol en las piedras. Mientras, en los berrocales limítrofes, el lince ha encontrado territorios para expandirse. Sorprendente territorio natural, a tiro de piedra del paisaje antropizado al máximo de las Vegas Altas del Guadiana y sin embargo, todavía refugio de senderistas que gustan alejarse del ruido y las multitudes.