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| Grazalema. |
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| Zahara de la Sierra. |
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| Arcos de la Frontera. |
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| Olvera. |
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| Villaluenga del Rosario. |
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| Espera. |
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| Villamartín. |
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| Setenil de las Bodegas. |
La Sierra de Cádiz, toda la provincia en realidad, (donde nacieron mis padres, y a la que siempre llevo dentro y más en estos días de interminables y copiosas borrascas), es un lugar que hay que conocer sí o sí, lleno de contrastes y belleza, con singularidades casi imposibles de enumerar.
Pero empecemos por mencionar sus torres vigías nazaríes, celosas guardianas de la Frontera y de los pueblos blancos, arquitectura moruna colgada de forma inverosímil de las faldas de la sierra y deslumbrantes fachadas de cal. Y a su alrededor, bellísimos parajes, a veces consistentes en duros farallones de piedra blanqueada por el sol y en otras ocasiones, en recónditos bosques de alcornoques y pinsapos, a los que solo es posible llegar por medio de carreteras sinuosas, que se entrecruzan con profundas gargantas, calzadas romanas y caminos de herradura. En las alturas, ganado caprino entre roquedos, mientras que en los valles se alternan cereales, vides y olivos, causantes de la gastronomía propia y viva que nos pone en la mesa, rico pan, mejor aceite y quesos inmejorables, contundentes potajes de garbanzos y exquisitos guisos de espárragos y tagarninas, así como dulces, heredados de siglos de presencia islámica.

Pero sin duda, lo mejor, su gente, gente sencilla, trabajadora y amable, hasta cierto punto, claro. La estancia de los franceses durante la Guerra de la Independencia no gustó mucho entre los habitantes de pueblos y cortijos de la sierra y así se lo hicieron saber, siendo aquello el principio del fin de aquella ignominiosa invasión.
Allí, donde más llueve de la península, nace el Guadalete, que luego discurre, entre infinitos campos de trigo y girasol, por las fértiles vegas que él mismo creó pacientemente durante miles y miles de años hasta desaguar en el Océano Atlántico, en el litoral donde los fenicios instalaron sus colonias, fundiéndose con los pobladores de interior hasta dar lugar a un reino de leyenda.
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| Dolmen de Alberite. Villamartín. |
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Calzada romana. Benaocaz.
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Ciudad romana de Ocuri. Ubrique.
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| Prado del Rey y la Sierra desde el Castillo de Matrera. |
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| Torre Pajarete. Castillo de Matrera. |
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| Salto del Cabrero. Benaocaz. |
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| Embalse de Zahara-El Gastor. |
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| Campiña y Sierra de Cádiz. |