No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

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domingo, 5 de mayo de 2013

la colonia de cernícalos primillas de acedera (badajoz)


Es cada vez más evidente la importancia que el turismo de Naturaleza, y más concretamente el turismo ornitológico, va tomando en Extremadura. Por ello, con el fin de preservar la avifauna existente, considerada un patrimonio común a proteger, se creó hace algunos años la figura de la Zepa (Zona de Especial Protección para las Aves). Actualmente hay 69 Zepas repartidas por todo el territorio extremeño.

Esta mañana he pasado un buen rato en una de ellas, intentando hacer alguna fotografía de los numerosos cernícalos primillas que anidan en la Iglesia de Acedera (Badajoz). La verdad es que en el referido edificio viven, además de las mencionadas rapaces, un buen número de aves que utilizan los tejados y las muchas oquedades que hay en las fachadas como lugares donde establecer sus nidos. Así cigüeñas, palomas, grajillas y cernícalos conviven en la iglesia ofreciendo a los visitantes una buena oportunidad de observar sus idas y venidas y de captar curiosas imágenes ante tal cantidad de aves revoloteando alrededor de la vieja iglesia.




En realidad, fotografiar algún ejemplar de las tres primeras especies es relativamente fácil. Sin embargo, obtener alguna imagen aceptable de la pequeña y activa rapaz venida de África requiere de algo más que paciencia. Su vuelo es rapidísimo y pasan gran cantidad de su tiempo en el campo, cazando saltamontes y otros insectos que luego llevan a sus crías. Estas esperan en su nido, siempre situados en el interior de los huecos y grietas que el paso del tiempo ha ido abriendo en castillos, casonas abandonadas e iglesias, que son los lugares habitualmente escogidos por los primillas para la cría. Después los adultos, tras introducirse en el nido para llevar la presa a su cría, permanecen posados durante breves instantes y luego, de repente, se lanzan al vacío emitiendo esos agudos y prolongados silbidos tan característicos.




La iglesia de Acedera fue construida durante la segunda mitad del siglo XVI y en algunas de sus fases constructivas debieron intervenir alarifes moriscos puesto que se aprecia con claridad la utilización de ladrillo cocido en diferentes elementos de la torre campanario y de las fachadas.

Esta iglesia responde perfectamente al tipo de construcción que los cernícalos escogen para nidificar ya que la parte trasera se hundió tras el terremoto de Lisboa de 1755 que, como sabéis, causó importantes destrozos en numerosos edificios de la provincia. Los daños que el temblor produjo en las traseras del mencionado edificio nunca llegaron a ser reparados y por eso hoy día sigue presentando ese ruinoso aspecto. De esta manera proporciona refugio a diversas especies de aves y por ello, ofrece una singular silueta con su torre y  sus cubiertas repletas de cigüeñas que en gran número se recortan en el cielo.


Acedera, además, se encuentra situada en un lugar privilegiado para los ornitólogos ya que desde allí se pueden hacer interesantes visitas a los Embalses de la Serena,de Orellana y del Zújar, considerados también Zonas de Especial Protección de Aves. O a los arrozales de las Vegas Altas del Guadiana para observar, durante los meses fríos, el increíble espectáculo que proporcionan los numerosos bandos de grullas que llegan, desde el norte de Europa, hasta estas tierras...




cernícalo primilla.
Estas pequeñas rapaces suelen llegar a España, procedente del continente africano, durante el mes de febrero. Después forman parejas y con frecuencia ocupan huecos o hendiduras en edificios abandonados, castillos e iglesias... En ellos la hembra pone los huevos y se produce la incubación.

Festival de las Aves Ciudad de Cáceres. 2013.
Las numerosas aves que anidan en las torres de sus iglesias y palacios y en los parques y jardines del casco urbano constituyen un atractivo más a añadir a la monumentalidad de la ciudad de Cáceres.

miércoles, 17 de abril de 2013

castillo de trevejo. cáceres.


Una de las cosas que más nos llamó la atención en la reciente visita que hace un par de fines de semanas hicimos a la sierra de Gata, fueron las tumbas antropomórficas que aparecen excavadas en la ladera del castillo de Trevejo. No recuerdo haber visto nunca tumbas de este tipo, con el hueco para la cabeza tan bien definido, en ningún otro lugar. 

Recientemente he podido leer que estos enterramientos fueron realizados para que albergaran los cuerpos de los monjes templarios que durante algún tiempo habitaron dicho castillo, aunque parece ser que esta sugerente teoría no es demasiado acertada. Los especialistas afirman que este tipo de necrópolis, excavada en la roca, fue bastante común en Extremadura entre los siglos IV y VII d.C. y por tanto, corresponderían a  época tardorromana y visigoda. Habitualmente estas fosas disponían de una gran losa que hacía de tapadera aunque la mayoría han llegado expoliadas a nuestros días y por lo tanto, carecen de estas piedras.   




En cualquier caso, este grupo de tumbas hace aun más atractivo el conjunto que forman el castillo, la vieja ermita y la pequeña aldea de Trevejo, convirtiendo este lugar en uno de los más singulares que hemos podido visitar ultimamente. 

Actualmente, el castillo se encuentra en muy mal estado, debido a la voladura que realizaron las tropas francesas, aunque todavía se pueden ver algunos elementos defensivos y decorativos como garitas, troneras, matacanes o escudos. La mayoría de los restos que todavía permanecen en pie, murallas y Torre del Homenaje, son del siglo XV aunque el origen del asentamiento es islámico. Posteriormente pertenecería a diversas ordenes militares, entre las que se encontraba la Orden del Temple.

El castillo y la ermita.
Escudo de Juan Piñeiro, uno de los Comendadores de Trevejo.
A la izquierda, un matacán, elemento diseñado para arrojar piedras o
proyectiles a los posibles asediadores. A la derecha una garita de vigilancia.
Ermita de San Juan Bautista. Siglo XVI.
Aldea de Trevejo.

Ya os digo, el castillo y la ermita. La aldea de casas de piedras, que conserva todavía el sabor de los lugares antiguos, y el infinito paisaje de bosques caducifolios de la sierra de Gata. Una grata sorpresa...

viernes, 5 de abril de 2013

castillo de lares. badajoz.


Dicen que la cabra tira al monte. Por eso una de mis aficiones es subir a los riscos de las comarcas de la Serena y de la Siberia y saltar entre las piedras y los restos de las antiguas fortalezas islámicas que habitualmente ocupan estas cimas.

Hace unas semanas subimos a la sierra de Lares buscando los restos de Al Laris, una ciudadela bereber de 8 hectáreas de superficie que permanece semienterrada en lo alto de dicha sierra. Habíamos sabido de su existencia y de los restos de una iglesia templaria gracias a un bonito articulo aparecido recientemente en el diario Hoy. (Ya en diciembre de 2010 se hizo un comentario en este mismo blog que hacía referencia a los restos de un castillo situado en la cima de la citada sierra) 

Una vez allí, tras dar buena cuenta de los consabidos bocadillos y contemplar el enorme embalse de la Serena y las lejanas sierras que lo rodean, intentamos imaginar durante un rato como sería aquella población construida en un lugar tan irregular, tan inexpugnable y tan alto. 

Creo que por un momento lo conseguimos y vimos los torreones asomándose al vacío, las estrechas y empinadas callejuelas,  las escaleras de piedra que salvaban los acusados desniveles y los típicos arcos que delimitaban las distintas zonas... Vimos también como gente de distintas razas pululaban por un pequeño mercado donde los mercaderes, a gritos, ofrecían esencias y especies, carnes y salazones, lujosas ropas y los más diversos utensilios... Todo ello ante la atenta mirada de algunos fornidos y bien pertrechados soldados que hacían la ronda  para evitar posibles altercados. Fueron unos segundos, pero valió la pena. 

Tal vez así fueran las callejuelas de Al Laris.

Al parecer, es más o menos constatable la existencia de un núcleo islámico en este promontorio desde el  siglo VIII hasta el siglo XIII. Posteriormente el lugar fue ocupado sucesivamente por los monjes guerreros  templarios y por la Orden de Alcántara, hasta que finalmente tuvo lugar el abandono de la fortaleza cuando desapareció  la necesidad de mantener un enclave militar en la zona. 

Hoy día se pueden ver trazas de murallas y los arranques de distintos torreones aunque es difícil  precisar si dichos restos pertenecen a la época islámica. Igualmente quedan en pie algunos paredones de una iglesia atribuida a la Orden del Temple y un aljibe bastante bien conservado.

Galizuela y la sierra de Lares.
Arranque de las defensas, asomándose al vacío.
Aljibe.
Restos de la iglesia templaria.

Pero quizás, lo más atractivo de esta elevación es el increíble panorama que en todo momento se divisa desde allí arriba. Por un lado, buena parte de la comarca de la Siberia. Por el otro, las calmas aguas del interminable embalse de la Serena y las lejanas sierras azules por donde resbalan los caseríos de Capilla, Benquerencia o Magacela, nacidos a partir de los asentamientos establecidas por las distintas tribus bereberes que arribaron a estas tierras allá por el siglo VIII...


Embalse de la Serena.
Embalse de la Serena y Cerro Masatrigo.
Al fondo, Esparragosa de Lares y el castillo de Puebla de Alcocer.
En primer plano, Galizuela.



En la Serena, como en toda Extremadura, los territorios conquistados fueron cedidos a las ordenes militares, las cuales ocuparon las fortalezas que permanecían en pie y construyeron otras. Hoy día seis de aquellos castillos permanecen aun visibles desde la lejanía, orgullosos del papel que la Historia les reservó. Otros, como los de Lares y Arsa, cayeron en el olvido...

viernes, 15 de marzo de 2013

restos de la guerra civil en castuera. badajoz.


Semanas atrás, buscando información sobre la existencia de restos de la guerra civil en la comarca pacense de la Serena, encontré un artículo muy interesante y completo sobre los numerosos vestigios que la contienda dejó en la localidad de Castuera y alrededores. El articulo en cuestión se debe a Rafael Moreno García y tiene por nombre Fortificaciones en la Guerra Civil Española en Castuera (Badajoz).

En el citado artículo se puede encontrar, entre otras cosas, detallada información sobre un aeródromo cercano a Benquerencia de la Serena, sobre refugios antiaéreos en el casco urbano de Castuera o sobre un curioso tren blindado y el refugio excavado donde se camuflaba para evitar los ataques de la aviación.  

Hace unos días, aprovechando que las lluvias dieron un pequeño respiro, mi amigo Manuel y yo, nos acercamos por la zona  para buscar algunos de esos restos y con la intención también de completar una ruta entre Puerto Mejoral y Castuera, que después veríamos está perfectamente indicada en un cartel. La citada ruta recibe el nombre de Entre las líneas del frente franquista y según aparece en dicho cartel, recorre el sistema defensivo que el Ejercito del Sur franquista estableció alrededor de la llamada Bolsa de la Serena para evitar una contraofensiva de las tropas republicanas..

El punto de partida fue la pedanía de Puerto Mejoral, en cuyas inmediaciones pudimos ver dos de los bunqueres o fortines descritos por Rafael Moreno García, a los que por sus características, considera como excepcionales. Son circulares, presentan una pequeña cúpula y están separados 300 m. entre sí.  En uno de ellos llama la atención un castillete (el emblema del Cuerpo de Ingenieros al que pertenecía la compañía de zapadores que edificó los fortines) que aparece, grabado sobre el cemento, en la cúpula del búnquer.

Búnker 1. Puerto Mejoral. Emblema del Cuerpo
 de Ingenieros del ejército franquista.
Bunker 1. Puerto Mejoral. Al fondo, el castillo de Benquerencia, donde
 existe un observatorio construido por la misma compañía de zapadores.
Bunker 2. Puerto Mejoral. Situado a 300 m. del anterior.
 Las piedras que se han ido acumulando en su exterior
y el agua procedente de las lluvias impiden la entrada en él.

Posteriormente, subimos al castillo de Benquerencia de la Serena porque sabíamos que desde allí se puede ver una magnífica vista de gran parte de la comarca de la Serena, y que precisamente por eso, se había construido un observatorio. Una vez arriba, pudimos comprobar el hundimiento de la gran plataforma de hormigón que actuaba de techo y el mal estado que presenta una inscripción que recuerda a la Compañía de Zapadores nº 14. Desde el castillo, también pudimos ver, a lo lejos, la Casa Elías, utilizada durante la guerra como cuartel y posteriormente como hospital.

La sierra de Tiros, desde el castillo de Benquerencia.
Castillo de Benquerencia de la Serena. Su origen es islámico, pero
posteriormente perteneció a la Orden de Alcántara. 
Interior del observatorio del castillo.
 En la imagen se puede apreciar el techo hundido.
Sobre la puerta del observatorio todavía se puede ver,  a duras penas,
las siglas de la compañía de zapadores que lo construyó. 14 Cnia Z
La Casa Elías hizo las veces de cuartel  y de hospital.

El siguiente punto fue el campo de prisioneros de Castuera. Realmente, según tengo entendido, dicho campo estuvo en funcionamiento entre abril de 1939 y marzo de 1940 y por lo tanto, es posterior a la guerra. En cualquier caso, se situaba en las proximidades de la mina abandonada La Gamonita, cuyo castillete es la referencia para llegar hasta allí puesto que no existe ningún tipo de indicación. Actualmente se ha llevado a cabo la instalación de una planta fotovoltaica junto a la gran explanada que ocupaba el campo.

Hoy día, pocos restos indican que allí hubo un antiguo campo de prisioneros. Los más visibles son una peana de hormigón de planta cuadrada en la cual estuvo colocada una gran bandera o una cruz y varias plataformas circulares donde, al parecer, se asentaban unos grandes depósitos de agua. Quedan, además, algunos otros restos solo identificables para los ojos más expertos.

La verdad es que el lugar es desolador y por ello, no nos detuvimos por allí mucho tiempo. No es agradable pasear por lugares donde ocurrieron cosas que jamás debieron ocurrir. 

Peana de hormigón.
Castillete de la mina La Gamonita, de finales del siglo XIX.
Plataformas circulares que servían de base para depósitos de agua.
A lo lejos, la Gamonita y las placas solares.

Por último, todavía con cierto desasosiego, nos dirigimos a las afueras de Castuera para buscar un conjunto de diez fortines republicanos situados muy cerca de la ermita de San Isidro, de cuya existencia tuve conocimiento gracias al citado artículo de Moreno García. Al parecer estos pequeños bunqueres fueron construidos para salvaguardar la carretera que unía Zalamea de la Serena con Castuera y forman un semicírculo de 1 km de longitud. Finalmente, solo pudimos encontrar uno de ellos porque la mayoría deben encontrarse situados en fincas particulares valladas, cubiertos por la vegetación o semienterrados...

Bunker próximo a la carretera Ex-133. Entrada.
    Bunker próximo a la carretera Ex-133.  Vista general.


Perdido en la sierra de la Ortiga, un cuartel republicano de la guerra civil guarda en su interior curiosos graffitis. Aunque su estado es de ruina progresiva todavía se puede observar un gran patio rectangular en cuyos laterales debieron situarse las cuadras y los barracones de los soldados.




restos de la guerra civil en las comarcas de la serena y las vegas altas.
En el número 19 de la calle San Francisco de Villanueva de la Serena (Badajoz) todavía se puede ver el daño que una explosión, ocurrida durante la guerra civil, ocasionó en la reja de una ventana. La verdad es que no me había dado cuenta de ello hasta que alguien me lo dijo. 



restos de la guerra civil en cáceres.
Hace  unos días, recibí un correo electrónico de Samuel Rodriguez Carrero, autor de Extremadura:caminosdecultura,blogspot.com, en el que me daba cuenta de algunas vestigios que de dicha guerra aun perduran en las afueras de la ciudad de Cáceres y me enviaba una serie de fotografías sobre estos restos.

viernes, 8 de marzo de 2013

elvas. alentejo. portugal.



Hay veces que cuando te estas yendo de un lugar, de alguna manera, sabes que vas a volver. Elvas es, por varias buenas razones, uno de esos lugares. Es Patrimonio de la Humanidad, presenta un sistema abaluartado defensivo que puede estar entre los mayores del mundo y conserva un acueducto, construido al parecer entre 1498 y 1622, de varios kilómetros de longitud. Además, podemos encontrar en sus calles todo el sabor de la arquitectura portuguesa y está casi a tiro de piedra de Badajoz.

Elvas perteneció a la Lusitania romana y posteriormente al reino de Taifa de Badajoz, incluido en ese inmenso, lejano y desconocido territorio que los cristianos llamaban Extrema Dorii. Después la Historia modificó las fronteras y la ciudad quedó en el lado portugués. Pero fue precisamente su cercanía a la frontera española lo que cambió definitivamente la fisonomía de su arquitectura ya que fue dotada de un impresionante sistema defensivo en forma de estrella para proteger la ciudad de los asedios de los ejércitos españoles. 

Castillo de Elvas, de origen islámico. 
Picota del siglo XVI, ante la Puerta del Trempe, una de las puertas de acceso
 al recinto amurallado  medieval.

Dicho conjunto, construido alrededor del viejo castillo y del centro histórico, data de principios del siglo XVII y es un tremendo sistema defensivo de gruesas murallas diseñado por ingenieros holandeses para resistir las embestidas del ejercito más potente. De hecho, Elvas nunca fue tomada a pesar de que durante siglos se fueron sucediendo, una tras otra, diversas guerras entre portugueses y españoles y la ciudad fue sometida a varios asedios. Además, en los alrededores se levantaron varios fortines, situados sobre puntos elevados y estratégicos. Entre ellos destacan los fuertes de Santa Luzia y y de Nossa Senhora da Graça.

Garita del conjunto de baluartes.
Una de las puertas del entramado defensivo. Los portugueses llaman
a este cinturón de murallas  Muralhas Seiscentistas.
El  conjunto recibe el nombre de Praça-forte de Elvas.
Fortin de Santa Luzia.

Otro de los elementos constructivos destacados en Elvas es el acueducto de Amoreira. Como podéis ver en las siguientes imágenes, es una obra monumental que mide, según la web de la Cámara Municipal de Elvas, más de cinco kilómetros. Además tiene 1367 metros de galerías subterraneas.

José Saramago lo describe de esta manera; Es imposible hablar de Elvas sin hablar del acueducto de Amoreira. Hable, pues, hable de él el viajero para decir que es una asombrosa obra, con sus ochocientos cuarenta y tres arcos de albañilería, dispuestos en ciertos tramos en cuatro ordenes. Más de cien años se tardó en construir (ciento veinticuatro para ser exactos) y siempre el pueblo de Elvas pagó su real de agua. Cuando en 1622 la Fuente da Vila empezó al fin al correr, se pudo decir que los habitantes de Elvas habían sudado bien ese agua. (Viaje a Portugal)





Después de leer a Saramago, ¿qué más añadir? Solo que la noche se nos echó encima y el frío nos empujo a los coches, de modo que no pudimos disfrutar de esta obra como se merecía. Otra razón para volver.