No está claro de donde procede el actual nombre de Extremadura, una tierra olvidada y a menudo menospreciada. Algunos historiadores opinan que quizás proceda del término con que se conocía en los reinos cristianos a los territorios situados al sur de dicho río.
Desde aquí solo pretendo hacer un pequeño homenaje a la tierra donde ahora vivo. De ella es mi mujer y en ella han nacido también mis dos hijas.

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viernes, 5 de agosto de 2011

los esgrafiados de santo domingo. anexo. trujillo. caceres.

Quiero mostraros en este anexo unas imágenes que me ha enviado Samuel Rodriguez Carrero sobre los esgrafiados de Santo Domingo y que sirven para ahondar más en estos elementos decorativos. Samuel es el autor del blog "Extremadura: caminos de cultura", un blog que no debéis perderos los aficionados a la historia y los amantes de los tesoros que esconde esta tierra.


Pero casi más interesantes que las fotografías son las aportaciones y puntualizaciones que Samuel ha hecho al texto anterior. Así, en la primera imagen podéis ver que lo que yo describía como ser con cola de pez no era tal ya que la cola acaba en personajes en actitud de soplar. Como bien dice Samuel podría tratarse de alegorías del viento. ¿O es fuego lo que expulsan por la boca? Estos curiosos seres aparecen en los frisos que recorren casi toda la sacristía. La verdad es que nunca había visto nada igual. Junto a ellos se pueden ver también pájaros y ángeles tal y como describí en la anterior entrada..


Si observáis las fotografías de las ventanas podéis ver los frisos a los que me refiero y un simple cordón en una y un esgrafiado con motivos geométricos en la otra.


Como decía anteriormente, el esgrafiado de mayor tamaño es precisamente el más deteriorado. Este representa un calvario. Samuel se inclina por que este esgrafiado formaba parte de un retablo en cuya parte inferior se encontraba un mueble para guardar objetos litúrgicos o un altar. Así mismo, formando parte de este conjunto se encontraría el escudo de los Vargas-Carvajal ya que el impulsor de la obra fue un miembro de esta poderosa familia, de nombre Gutierre, que llegó a ser obispo y que llevaba ese apellido.

Así mismo Samuel me ha señalado la existencia de varios medallones, muy utilizados en esa época, con retratos en su interior y sobre todo un medallón central con la figura de Santo Domingo, identificable por llevar unas flores en la mano. Es una pena pero la falta de luz en el interior de la capilla y sobre todo el deficiente estado de conservación de los esgrafiados impide observar con claridad en las fotografías que me ha enviado Samuel lo expuesto anteriormente.

El estado de abandono de la iglesia donde se hallan, recordemos que casi con toda seguridad se hicieron en 1566, no hacen presagiar un futuro demasiado prometedor para estas obras de arte...

Por cierto, gracias por tu colaboración desinteresada en este blog, Samuel.

miércoles, 3 de agosto de 2011

los esgrafiados de santo domingo. trujillo. cáceres


Como sabéis los que de forma más o menos habitual seguís este blog, en la última entrada contaba como una tarde del otoño pasado la casualidad nos llevó a una iglesia abandonada extramuros de Trujillo. Allí, tras entrar en la lúgubre sacristía, hice algunas fotos a unos esgrafiados realizados alrededor de 1566...

Simplificando, el esgrafiado es una técnica que se usa en la decoración de paredes y muros, consistente en hacer incisiones sobre una capa fresca de enlucido de un determinado color. Esta técnica, que también se puede utilizar en cerámica y en otras superficies, generalmente emplea plantillas con motivos geométricos y es utilizada desde antiguo.

El tiempo ha borrado muchos de estos esgrafiados, pero esta técnica era empleada muy habitualmente en muros, en chimeneas y en otros elementos constructivos tal y como se puede observar a poco que nos fijemos en algunos edificios de Plasencia, Cáceres o Trujillo, por citar algunas de las ciudades monumentales de Extremadura. Hoy día nos hemos acostumbrado a ver los palacios y edificios religiosos de estas localidades en piedra desnuda pero muchos de ellos presentaban sus muros revestidos mediante esta técnica decorativa.

Los esgrafiados que pude fotografiar en el interior de la sacristia de la iglesia de Santo Domingo de Trujillo pertenecen, al parecer, a una tipología bastante habitual en los palacios e iglesias del Trujillo del siglo XVI en cuanto a ejecución y técnica empleada pero presentan dos motivos o temáticas muy distintos.

El primero es un friso geométrico donde aparecen dos seres barbados como figuras principales acompañados de pajaros y pequeños seres alados o ángeles. Sorprende la inclusión de estos seres mitológicos con cuerpo de hombre y cola de pez en el interior de una sacristía. Cabe preguntarse si estas figuras encierran algún mensaje o simplemente se trata de un motivo decorativo. Ambos seres sujetan un escudo, presumiblemente el de la Orden de los Predicadores o dominicos.



El segundo es de mayor tamaño y representa, como se puede apreciar en las fotografías, la crucifixión de Jesús acompañado de dos figuras, probablemente la Virgen María y San Juan, el discípulo más joven. Se puede observar también que debido seguramente a alguna hoguera o tal vez a la humedad, la parte inferior de este conjunto se encuentra bastante deteriorada. Todo el conjunto está enmarcado por columnas y una estructura que simula un retablo o altar.

Pero ¿qué es ese punto de luz circular que aparece en la parte superior derecha de la siguiente imagen? ¿Una mota de polvo en suspensión que refleja el flash de la cámara...? Tal vez Íker Jiménez tenga la solución...



Si os parecen interesantes los esgrafiados de Trujillo en este articulo hay una completísima información:

domingo, 31 de julio de 2011

el constructor de catedrales. uno



Un poco por casualidad, aquél caluroso domingo de octubre, tras dar un bonito paseo por Trujillo, fuimos a parar a una iglesia abandonada en las afueras de esta localidad. Mi amigo Jose, uno de mis compañeros de "aventuras" y yo, accedimos con recelo al interior del templo y tras avanzar por los escombros pudimos subir por una escalera a la parte media de la torre, pero en seguida el sentido común nos hizo descender ante el evidente peligro de derrumbe. Como podéis ver en las imágenes, el estado del edificio es lamentable, lleno de cascotes, invadido por la maleza y desprovisto de la techumbre.

Posteriormente, a través de una pequeña escalera pudimos entrar también, en la sacristía, donde sorprendentemente todavía se conservan algunos esgrafiados. He de decir que no nos entretuvimos mucho en fotografiar ni en admirar, gracias a la luz de un mechero, estos esgrafiados ya que cuando nos dimos cuenta que lo que crujía bajo nuestros pies eran huesos salimos a toda prisa del recinto.

Después, cuando llegué a casa, pude leer que este edificio había sido construido durante la segunda mitad del siglo XVI gracias al obispo Gutierre de Vargas Carvajal, cuyo escudo se puede observar sobre la puerta de la sacristía, y que fue dedicado a Santo Domingo. El motivo de su ruina, una vez más, la invasión de las tropas napoleónicas y las sucesivas desamortizaciones de los siglos XVIII y XIX. El autor, Francisco de Becerra, cristiano viejo y natural de Trujillo; de oficio constructor de iglesias, palacios y catedrales...

Pues eso. Que Ken Follet pudo haber situado por aquí parte de "Los pilares de la tierra" porque en Trujillo nació, se crió y se formó profesionalmente Francisco Becerra, uno de los más importantes "arquitectos" que hubo en las Indias. A Francisco Becerra se deben, por ejemplo, las catedrales de Lima y de Cuzco además de otras numerosas obras en otros lugares de lo que actualmente conocemos como México, Perú o Ecuador. Eso si, estas catedrales se levantaron algunos siglos más tarde que la trama novelada por el británico.

Pero, volvamos a Trujillo y situémonos en 1566. Francisco Becerra suda bajo su ropa mientras comprueba el trabajo que realizan los alarifes que su padre ha contratado. Algunos de ellos llevan toda la vida con su progenitor y aunque llevan nombres y apellidos castellanos todos saben que su sangre y su procedencia son bien distintas. Desde el lugar elegido para construir la iglesia de Santo Domingo se pueden ver, a su espalda, las imponentes murallas de Trujillo y al frente, los interminables berrocales de la llanura, de donde se extraen las piedras que servirán para levantar los numerosos palacios y templos que se están construyendo en la ciudad. Todo marcha a la perfección y quizás por ello se deja llevar por unos momentos y recuerda la piel morena y suave y la sonrisa de Juana Gonzalez de Vergara, su joven esposa, con la que se ha casado hace unos meses y a la que ha prometido que en cuanto tengan ocasión viajarán a las Indias...

Los chirridos de las pesadas carretas cargadas de materiales y los gritos de los boyeros devuelven a Francisco a la realidad. Su padre se halla muy enfermo y pronto será el responsable de todo, piensa mientras comprueba que los andamios de madera se hallan bien sujetos y no se desplomarán. Llevará a cabo importantes obras. Tendrá a muchos hombres a su cargo. Se convertirá en un maestro respetado y tal vez envidiado. Viajará a Sevilla por el interminable camino empedrado que construyeron los romanos siglos atrás y subirá con su mujer a una de esas imponentes naves que cruzan el océano para reunirse con otros maestros trujillanos que partieron hacia las Indias hace ya algún tiempo.

Francisco nunca ha visto el mar. Apenas se ha alejado de Trujillo, todo lo más ha estado en Herguijuela donde su padre levantó hace unos años la iglesia parroquial, a partir de los precisos dibujos que había confeccionado una tarde en que se hallaban guarecidos en un establo de una torrencial lluvia. Estamos de suerte, Francisco, murmuraba mientras trazaba con destreza las lineas de lo que iba a ser su próximo trabajo. Esta iglesia nos asegura el sustento durante muchos meses...

Pero ahora Francisco, el Mozo, como es conocido en el gremio por acompañar a su padre desde temprana edad, está bien ocupado en que las obras de Santo Domingo sean del agrado de los descendientes del prelado y acaben antes de que el otoño traiga las negras nubes cargadas de agua...

Puerta de la sacristía. Iglesia de Santo Domingo.

Escudo del obispo Gutierre de Vargas Carvajal, impulsor de las obras. Al parecer este religioso falleció antes de ver acabada la Iglesia.

Friso de esgrafiados a la cal en el interior de la sacristía de Santo Domingo.

Mensula. Arranque de los nervios que sostenían las bóvedas, hoy desaparecidas.

Interior del templo de Santo Domingo, invadido por la maleza y por los escombros.

martes, 26 de julio de 2011

almeida.

Pepe, el tío Pepe, vive desde hace muchos años en Madrid. Hace unos días estuvo por aquí. Y tal como llegó se fue. Sin hacer ruido por no molestar. Sin despedirse apenas... Y ahora nos ha mandado los dibujos que hizo durante su corta estancia en Villanueva de la Serena. Le he pedido que me deje mostrarlos en este blog y él ha accedido preguntándose con modestia si merecen la pena.

Claro, hombre, todo lo que se hace con sensibilidad merece la pena y a ti te sobra...


domingo, 17 de julio de 2011

la trashumancia. tres.

El legado.

Son numerosas las construcciones relacionadas con el pastoreo que aún se pueden ver a lo largo y ancho de las dos provincias extremeñas. Las que siguen a continuación se encuentran en Campanario (Badajoz), en Benquerencia de la Serena (Badajoz), en Alcántara (Cáceres) y en Villareal de San Carlos (Cáceres). Algunas de estas construcciones se encuentran en pésimo estado. Otras por suerte están siendo recuperadas.


La trashumancia también tuvo, sin embargo, algunos efectos no deseados. El principal, sin duda, fue la transformación del paisaje. Algunas comarcas, como la Siberia y la Serena en Badajoz o Tajo-Salor en Cáceres sufren todavía los efectos de la deforestación, causada principalmente por el sobrepastoreo. Fue tal el abuso que se cometió por parte de la nobleza y la iglesia, dueños en muchas ocasiones de los enormes rebaños y de la tierra, que tuvieron que hacerse Ordenanzas que regulara el apeo de encinas y árboles de ribera. A la vista está que la todopoderosa Mesta ganó en la mayoría de las veces esta partida.

Pero fueron tal vez más numerosos los efectos positivos. Entre estos efectos podríamos citar el indudable intercambio cultural entre regiones en épocas en que el transporte era lento, inseguro y penoso. El enriquecimiento léxico-semántico fue otra consecuencia de la trashumancia. Hay poblaciones, como Campanario en la provincia de Badajoz, que son islas lingüísticas donde se habla un castellano nada común entre los pueblos vecinos.

Diversos estudios han constatado también un intercambio entre ecosistemas, dado que el ganado transportaba semillas dentro de su estomago o adheridas en la piel que posteriormente colonizarían nuevos territorios, lo cual favoreció claramente a la biodiversidad. Por otro lado, es obvio que el pastoreo produce otros beneficios al medio ambiente como la disminución del riesgo de incendios o el mantenimiento del nivel de materia orgánica del suelo.

Y por supuesto no podemos olvidarnos de la gastronomia. Dos de los platos extremeños más típicos, las migas y la caldereta, son de indudable origen pastoril, y algunos de los quesos extremeños más afamados, como la torta del Casar o de la Serena siguen utilizando la flor del cardo como cuajo y, por supuesto, la leche de la oveja merina en la elaboración de estos exquisitos quesos.


Parte de ese legado cultural probablemente permanecerá para siempre con nosotros sin que seamos conscientes de ello. Pero lamentablemente, muchas de las costumbres y tradiciones que nos legó la trashumancia se van perdiendo a la vez que, no olvidemos que estamos en la época de las prisas y del exceso de información, rapidamente vamos adquiriendo otras...

miércoles, 13 de julio de 2011

la trashumancia. dos.



Curiosidades.

Los extremos. Una de las teorías acerca del origen del nombre de Extremadura relaciona este con la trashumancia, dado que durante mucho tiempo el término extremo equivalía a pastos de invierno e invernaderos y los tres se usaban indistintamente para designar el destino final del largo viaje de los pastores. Es verdad que esta posición no cuenta con muchos defensores pero por otra parte no parece demasiada descabellada.

Que viene el lobo. La vida de los pastores, como podéis imaginar, expuestos a las temperaturas más extremas, a las ventiscas o a la nieve, eran bastante duras. Uno de las mayores amenazas que podían sufrir los pastores era el lobo, no solo por los animales que resultaban muertos sino por las estampidas, que provocaban que muchas cabezas resultaran heridas y con algunos huesos rotos. Este lobo de piedra se encuentra en la portada de una pequeña iglesia románica perdida en la montaña cántabra.


La sierra callada. Cuando los pastores y el ganado bajaban a los valles dejaban en las sierras a las mujeres y los niños. Es fácil de imaginar la desazón de los que se quedaban pero también de los que se iban. De todos es conocida la cancioncilla que narra el triste momento de la partida. Después, tras pasar el invierno en los extremos, acompañando al ganado en sus pastos, volverían cantando. Es de suponer la algarabía que se formaría en las aldeas, origen de muchas de las fiestas populares que todavía se celebran.














El largo viaje. Seis de las más importantes cañadas terminan en Extremadura. Una de ellas, la de la Plata, coincidía en gran parte de su recorrido con la antigua calzada romana. Nacía en la cara sur de las montañas de Asturias y recorría nada menos que 500 Km. hasta llegar a Trujillo, donde moría.


Hoy día muchas de las vías pecuarias han caído en desuso e incluso se encuentran intransitables en algunos de sus tramos o lo que es peor, han sido cortadas al transito u ocupadas por construcciones ilegales, a pesar de que son bienes públicos.

El archivo de la Mesta. La gran cantidad de documentos generados por tanta actividad propiciaron la creación de un archivo, que actualmente se conserva en Madrid. Pero antes este archivo estuvo en Guadalupe y en Villanueva de la Serena, donde permaneció unos doscientos años, concretamente en el edificio que aparece en la siguiente fotografía. Actualmente acoge a la Capilla del Santo Sepulcro.


viernes, 8 de julio de 2011

la trashumancia. uno.



Algunas pinceladas.

Desde tiempo inmemorial, el hombre se movió detrás de las grandes migraciones de los animales de los que se alimentaba y se vestía. Después, cuando aprendió a domesticar a esos animales, se trasladaba con ellos, de norte a sur y viceversa, para el aprovechamiento de los pastos. Aquí, en la península ibérica, este movimiento estacional entre los pastos de invierno y los de verano fue una constante que, como veremos más tarde terminaría transformando el paisaje, la sociedad y la economía de enormes extensiones de tierra de lo que conocemos hoy día como Extremadura.

Celtiberos, romanos y visigodos practicaron este pastoreo nómada, que se llamaría más tarde trashumancia, recorriendo, por tanto, ancestrales rutas que comunicaban las brumosas y verdes montañas de la meseta con los valles del sur, de pastos ricos y abundantes. Pero fueron los árabes, según diversas teorías, los que dieron el impulso definitivo a la trashumancia. En concreto se atribuye a la tribu beréber de los Beni-Merines la introducción en la península de una raza de oveja procedente de las montañas del Atlas. Esta raza poseía unas especiales características que hizo muy rápida su adaptación y tomó su nombre de esta tribu: la oveja merina.

Posteriormente, tras la creación de la Mesta, se regularizó la trashumancia y se crearon cañadas, cordeles, veredas y coladas para el traslado del ganado. Esta organización con el tiempo alcanzó un poder insospechado gracias a los reyes castellanos que se vieron muy beneficiados en el plano económico, por ejemplo, a través de los portazgos o pagos por derechos de paso.

Para la creación de las cañadas y otras vías pecuarias se utilizaron los antiguos caminos que los pueblos prerromanos habían abierto a través de las sierras, pero también las antiguas calzadas romanas. Este es el caso del puente romano sobre el arroyo Caganchez, muy cerca de Medellín. Este puente formaba parte de la calzada que unía Mérida y Medellín pero fue incluido por los mesteños como parte de la Cañada Real Leonesa y por tanto tuvo que ser rehabilitado para el paso del ganado.


Igualmente ocurrió con la calzada romana del Puerto del Pico (Avila), que fue utilizada durante siglos por los rebaños trashumantes ya que coincide durante unos kilómetros con la Cañada Leonesa. El ganado pasaba el verano en los agostaderos de la cara norte del macizo de Gredos y durante los meses fríos bajaba a los invernaderos de Extremadura.

Tal importancia alcanzó la trashumancia en determinadas épocas que se levantaron puentes para salvar ríos y castillos para guardar el paso del ganado. En el lugar conocido ahora como Puente del Congosto (Salamanca) se levantó, a finales del siglo XIV un puente sobre el Tormes y una fortaleza al pie de dicho río para vigilar la Cañada Soriana Occidental. Posteriormente este enclave daría lugar al nacimiento de un pequeño núcleo de población que todavía pervive.

Una de las causas del gran auge que llegó a alcanzar la trashumancia fue la excelente calidad de la lana de la oveja merina. Hay que tener en cuenta que la lana fue un bien muy apreciado durante muchos siglos y una fuente muy significativa de ingresos para Castilla. En Malpartida de Cáceres todavía se conserva un antiguo lavadero de lanas del siglo XVIII. Este bonito ejemplo de arquitectura industrial, estaba situado lógicamente al pie de una vía pecuaria y fue muy importante en su momento.


Pero la trashumancia no solo se refiere al ganado ovino. El ganado equino y bovino tuvo también una gran importancia y aún es posible ver en algunas zonas de Avila, a comienzos del verano, el paso de las reses hacia los prados de Gredos para pasar la estación cálida. Los vaqueros, montando a caballo y entre los piornos conducen hábilmente a las reses en un espectáculo de una increíble belleza que nos transporta a otros tiempos y que afortunadamente se sigue repitiendo año tras año...


viernes, 1 de julio de 2011

antonio de nebrija.


Meses atrás, mientras me documentaba un poco sobre las órdenes militares y sobre la trashumancia en la comarca pacense de la Serena, "descubrí" que el gramático Elio Antonio de Nebrija había estado viviendo un buen número de años en Extremadura. Este hecho es muy poco conocido por el gran público y tuve que rebuscar, por tanto, en diversos libros y en páginas especializadas de la red para tener una visión más o menos contrastada del periodo extremeño del gramático. Además la mayoría de las biografías sobre este personaje apenas dedican unas confusas líneas a ese periodo de la vida del gramático.

Nebrija, que en realidad se llamaba Antonio Martinez de Cala, nació en Lebrija (Sevilla), al parecer en el seno de una familia acomodada. Eso, unido a su gran talento, propició que recibiera una esmerada educación y que viajara a Bolonia, Sevilla y Salamanca en viajes de estudios y formación. Durante un tiempo ejerció como catedrático en la Universidad de esta última ciudad donde contrajo numerosos enemigos, dado el carácter del gramático y la opinión que este tenía de las enseñanzas que impartían la mayoría de los compañeros. Y es que el andaluz pensaba que el latín estaba siendo pisoteado sin escrúpulos y se enzarzó en una lucha encarnizada contra todo aquél que osara hacerlo. Finalmente, al morir su máximo valedor y rector de la Universidad, dejó Salamanca y pasó a formar parte de la academia que un joven noble quería tener a su disposición: Juan de Zúñiga.

No se ponen de acuerdo los distintos investigadores en cuanto a los lugares donde residió el gramático andaluz pero si en las fechas; Nebrija vivió en lo que actualmente conocemos como Extremadura, entre 1486-1504, es decir, durante 18 años. Parece ser que Zúñiga vivía en Gata cuando el gramático, que contaría con 46 años de edad, se incorporó a su pequeña corte. A partir de ahí, debió residir durante cierto tiempo en Brozas, Alcántara o Plasencia y sobre todo en Villanueva y Zalamea de la Serena. Podéis encontrar más información de esta época en este mismo blog, en la siguiente dirección;



Probablemente la ilustración que aparece sobre estas líneas, perteneciente a la portada de uno de los tratados que escribió, corresponde a esa época en que Nebrija estaría a caballo entre Zalamea y Villanueva. En él se puede ver a Juan de Zúñiga, bajo palio y como figura central mientras el gramático imparte una clase magistral ante los demás maestros y las hermanas del noble.

Durante esos años, el maestro permaneció al lado de Zúñiga instruyéndole, al igual que otros humanistas, en diversas materias. Y escribiendo. Además de componer famosos tratados gramaticales, Nebrija escribió sobre Astrología, Geografía, Historia, Teología, Botánica, Medicina, Arqueología, etc. Un hecho poco conocido sobre este autor es que fue de los primeros que se interesó por los viejos monumentos romanos y que efectuó medidas del circo de Mérida y otros edificios romanos. A esta ciudad dedicó uno de sus más celebres poemas.

Otro hecho bastante desconocido es que fue Nebrija el que ideó el lema "tanto monta" para el escudo del rey Fernando. El significado de este lema ha ido desvirtuándose con el tiempo pero inicialmente se refería al nudo gordiano que rompió con su espada Alejandro Magno y que le abría las puertas de Asía mientras pronunciaba, según antiguos autores, las siguientes palabras: Tanto monta, da igual cortar que desatar.

En 1504, cuando muere el mecenas Juan de Zúñiga, Antonio de Nebrija deja Extremadura y empieza su aventura en la recién fundada Universidad de Alcalá de Henares del controvertido cardenal Cisneros para confeccionar una Biblia políglota. Pero eso es ya otra historia.

jueves, 23 de junio de 2011

arqueonimia.

Hace ya algunos años, cuando llegué a Extremadura, me sorprendieron bastante los nombres de algunos de los pueblos desparramados por su geografía, como Peñalsordo, Cabeza del Buey o Tornavacas, pero nunca había entrado con profundidad en el origen de esos nombres.

Días atrás, después de leer la interesante entrada de Samuel sobre la fortaleza de Makjada Al-balat en su blog Extremadura: caminos de cultura, me llamó la atención la existencia de dos Albalá. Una de ellas es la población cacereña de Albalá, situada en la comarca de Montanchez. La otra es la mencionada fortaleza, tan bien descrita en el blog antes citado. Pero ambas proceden de la voz árabe Al-balat, camino empedrado, seguramente por la proximidad de alguna importante calzada romana.

A partir de ahí he ido profundizando un poco en el origen de los nombres de las ciudades y pueblos extremeños, es decir, en la toponimia. Este término está definido por la RAE como el conjunto de los nombres propios de los lugares de un país o de una región.

Del estudio de los topónimos se ocupan los toponomistas (hay gente pa tó). Estos, que suelen unos señores vestidos de negro que están todo el día rodeados de polvorientos libros en una oscura biblioteca iluminados por la luz de una vela, se han puesto de acuerdo y han decidido que la toponimia se puede estudiar desde dos puntos de vista.

El primero hace el estudio en base a la cultura de la que procede el nombre del lugar. Según esto, la toponimia extremeña resultaría de la siguiente manera:

-de origen prerromano : Tamuja.
-de origen romano: Medellín, Cáceres, Mérida, Trujillo, etc.
-de origen árabe: Alconchel, Guadalupe, Magacela, Albalá, Zalamea, Alía, Alcantara, Alburquerque, etc.
-de origen cristiano o de reconquista: Conquista de la Sierra, Salvatierra de los Barros, Castilblanco, La Guarda, Torremocha, etc.
-de repoblación o colonización: Villareal de San Carlos, Entrerríos, Obando, Hernán Cortés, etc.

Castilnovo. Un claro ejemplo de toponimia de reconquista.
.
El otro modo de estudiar la toponimia tiene más en cuenta las características físicas del lugar. Así la hidronimia se refiere a lugares que tienen nombres derivados de alguna masa o curso de agua, como Garganta la Olla, La Albuera, Arroyo de la Luz, Ribera del Fresno, Fuente de Cantos, Fuente del Maestre, etc.

Y la fitonimia se refiere, logicamente, a lugares denominados por alguna especie vegetal, normalmente la más abundante de la zona. Sería absurdo recoger todos los fitónomos extremeños pero así, a bote pronto, me vienen a la cabeza Piornal, Aceuchal, Robledillo de Trujillo, Retamal, Oliva de Mérida, Almendralejo, Helechosa, Higuera de la Serena...

Otras veces la toponimia hace referencia al lugar donde se sitúa y a las características orográficas de este. En este caso hablamos de oronimia y podríamos citar como ejemplo las siguientes poblaciones: Valle de la Serena, Monterrubio, Solana de los Barros, Montehermoso, etc.

Puerto de Santa Cruz, Monesterio, Campanario, Abadia, Santa Cruz de la Sierra, etc. Todas estas localidades tienen un claro origen religioso. Este tipo de toponimia se llama hagionimia.

Y aunque quizás sea poco frecuente no se pueden olvidar aquellos lugares que deben su nombre a algún tipo de animal. Lobón o Alconera pertenecen a la categoría denominada zoonimia .

Por último quiero mencionar que hay lugares, normalmente fincas rústicas, que responden a los atractivos nombres de Mezquita, Castillejos, Castrejón, Tesorito o Tesorillo que tienen como denominador común que esconden en su subsuelo restos arqueológicos. Esto no es exclusivo de Extremadura. Por toda la península es posible encontrar estos topónimos.

Quiero reseñar también que aquellos lugares denominados Turuñuelo o Toruño suelen albergar en sus alrededores importantes yacimientos arqueológicos, dolmenes u otros monumentos megalíticos. Jerez de los Caballeros, Mérida, Medellín, Santibañez El Bajo, Mairena del Alcor (Sevilla), El Guijo (Córdoba) Aldeanueva de la Sierra (Salamanca), etcétera, presentan en sus alrededores parajes denominados de esta manera en los cuales se han encontrado restos de antiguas culturas. Curioso ¿verdad?

Estaríamos hablando entonces de arqueonimia. Bueno, no me hagáis caso: este último término me lo he inventado yo. Creo.

Villasviejas del Tamuja escondía celosamente un castro vetón.
Santa Cruz de la Sierra. Hagionimia-Oronimia.
Garganta la Olla.  Hidronimia. 

sábado, 18 de junio de 2011

el templo de diana. mérida.

Hacía tiempo que me apetecía contemplar in situ el entorno del templo de Diana de Mérida ya que se había de levantado cierta polémica en los medios locales tras la remodelación a la que este entorno había sido sometido. Francamente, me temía lo peor. Tal vez por eso no me pareció mal del todo. Es más, me pareció que se ha hecho una actuación bastante acertada ya que ahora es posible recorrer todo el perímetro del templo y contemplarlo desde otros ángulos. Si acaso se echa de menos algún elemento vegetal que aporte algo de color ante tanta piedra y tanto blanco; algún macetón, algún arbolito...

Pero hace unos días saltó de nuevo a la actualidad el templo de Diana ya que había salido a concurso la explotación de los bajos que rodean el edificio. La verdad es que ver al mencionado edificio rodeado de carteles de Frigo o de camisetas con el toro de Osborne no me parece lo más adecuado pero...

Bueno, si empezamos por el principio a lo mejor nos entendemos mejor. El templo de Diana es un edificio construido a finales del siglo I d.C. Formaba parte, entre otros grandiosos edificios, del Foro de Emérita Augusta y realmente no estaba dedicado a la diosa cazadora sino a Augusto.

Debió ser impresionante en su momento, aún lo es, revestido de estuco y con todas sus columnas en pie, adornados sus alrededores con estanques, jardines y estatuas. Lógicamente el templo ha llegado a nuestros días algo mutilado, entre otras cosas porque su interior alberga desde hace ya algunos siglos el palacio renacentista del Conde de los Corbos, que aprovechó el bosque de columnas para levantar dicho palacio.

Ya en 1785, Antonio Ponz, deslumbrado a su llegada a Mérida por la gran cantidad de restos y piezas de todo tipo que encontraba donde quiera que iba, daba cuenta del deteriorado estado en que se hallaba el templo:

"...es preciso hablar de otras notables antiguallas: una de ellas está situada hacia el medio de la ciudad, en la Casa del Conde de los Corbos, edificada entre una porción de columnas istriadas de orden compuesto. Estas se deja ver que eran de un magnifico templo, pero no se puede decir a que deidad estuviese dedicado, bien que Bernabé Moreno de Vargas pretende que a Diana, suponiendo que fuese la diosa titular de Mérida. Dicho templo es de los que Vitrubio llama Peripteros por tener columnas en el exterior de las quatro alas o lados de él, cuya figura es quadrilonga.

Las columnas son de varios trozos de piedra berroqueña y su altura no baxará de quarenta pies, los intercolumnios son algo más de seis pero era doble el espacio donde está la puerta del templo. Grandisimas son las piedras que quedan del basamento, como las que quedan del arquitrabe y todo ello respira singular magnificencia. Se conservan sino me engaño diez y nueve columnas en pie y lo demás está destruido..."

Viage de España. Antonio Ponz.

La verdad es que no me detuve a contar el número de columnas que actualmente permanecen en pie. Simplemente me limité a hacer algunas fotos y a leer los paneles informativos que se han dispuesto en torno al templo. Después, permanecí un rato sentado bajo una de las escasas sombras mientras de vez en cuando se oían las exclamaciones de admiración de los turistas, que no esperaban encontrar en pleno centro de Mérida, esa "notable antigualla".

El templo desde diversos ángulos:




Detalle del palacio de los Corbos: